20110926

Little Bang

Fanny y Alexander son dos constelaciones. No hay que buscarlas en el cielo de invierno, aunque si reservas una noche de julio para cazarlas tampoco tendrás suerte. Sólo aparecen cuando te sientes solo en medio de un puente y aprietas los párpados. No te van a salvar pero son una bella visión.

Como hermanos siameses, son dos centros de gravedad distintos que comparten una estrella común. Esta unión es diminuta e indecisa. Vamos, lo que en la existencia corriente se suele denominar un capricho de amor.

Se dice que una explosión de alegría sideral es el origen de Fanny y su carácter centrípeto. Se alimenta de la dispersión y el intercambio. A todos sorprende con su generosidad y sería monja si no fuera tan puta. Las serpientes le sonríen cuando entra en un local, pues comparten la misma sabiduría secreta: la seducción es un deber tirano y hermoso.

Alexander nació una tarde de libertad forzosa. Optó por encerrar en un fardo la felicidad futura y entregársela al malo; sólo así pudo salir de la cueva. Desde entonces, cuando tiene que doblar algo lo dobla hacia adentro. De cada pliego, que es una herida, supura un líquido salino que le salva de la muerte. Con el calambrazo su piel se agranda y se hace más basta. Más hermosa.

El universo les trata con amabilidad de anciano, aunque no les perdona la transgresión: Alexander es moreno como el norte y Fanny es rubia como el sur. Quizá esta es la razón por la que sus vivencias no pueden ser contradichas. Su verdad es absoluta como una merienda de niño.


Si por alguna razón llegan hasta nosotros es porque aprendieron a cruzar la tormenta, así que su género y su lenguaje son lluviosos y oscilantes. De ahora en adelante, Fanny y Alexander serán F. y A. Como bien sabe A., algún precio hay que pagar para poder entrar en el mundo.



En la foto son tres, pero es que siempre hay alguien más. Incluso en las despedidas.

1 comentario:

  1. "De mí, de él y de nosotros tres, siempre tres" José Gorostiza, Muerte sin fin.

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