20111024

Contra el equilibrio

F. se sacude el apocalipsis con un giro danzarín. No caerse siempre ha sido la norma; lo extraño es la piedra inesperada y el temblor. Y cuando lo extraño sucede no hay más que seguir girando, hasta que el movimiento estalla y ya es como estar quieta. Destruye las balanzas que vio de pequeña, ¿quién cree en los pesitos de plomo para restablecer lo que sea, un puñado de harina? ¿o una vida mal llevada? Las aceras se despliegan a su paso y siempre lo harán, es todo un deseo. Contra viejas mentiras, ahogada entre risas, empieza la canción:


“Como yo no gira ni el sol,

que tiene pena de centro

y ganas de alrededor.

Como yo no gira ni el sol."

20111014

Arde tú

El cabrón se lo pasó en grande cuando llegó la hora de inventar el fuego. Lo demás había sido sencillo, incluso lógico: la tierra por sus tobillos hinchados, el agua tras el deseo triste de cambiar y el aire por la cosa del vacío. Pero, ¿y el fuego? Calor cercano, ruido original, unas formas de veras fascinantes, sí sí, un magnífico espectáculo de improvisación. Peligroso y excitante pero, al fin y al cabo, justo.

Todo parece inmejorable hasta que A. descubre que puede arder. Sin chispa, sin belleza, sin llamar la atención. Llamas transparentes en silencio. Cuando empieza y ve que no hay ceniza en los bordillos entiende que su fuego no transforma nada, sólo consume. “¿Hasta cuándo?”, y lo pregunta mirando hacia arriba, porque si mira hacia abajo y no encuentra la ceniza aún arde más. Se sienta en el suelo frío y lanza la vista alrededor: una mujer lee un libro al sol, el estudiante va de negro y espera. "Joder, que ardan ellos".

Se levanta cuando ya no queda nadie que él conozca. Unas horas después, un grupo de hormigas se pasa por el forro el universo: van y vienen, alocadas. Se ofrecerá una gran compensación a la intrépida que descubra el polvo.

20110927

El pan nuevo de cada día

my body is always yesterday's

but for this gesture

that moves my elbow with delight

every time I step into the bakery


it may be that the baker is so kind to me

and he's so hot

F.


(mi cuerpo siempre es el de ayer / si no fuera por este gesto / que me mueve el codo con soltura / al entrar en la panadería

será que el panadero es muy amable conmigo / y está cañón)

20110926

Little Bang

Fanny y Alexander son dos constelaciones. No hay que buscarlas en el cielo de invierno, aunque si reservas una noche de julio para cazarlas tampoco tendrás suerte. Sólo aparecen cuando te sientes solo en medio de un puente y aprietas los párpados. No te van a salvar pero son una bella visión.

Como hermanos siameses, son dos centros de gravedad distintos que comparten una estrella común. Esta unión es diminuta e indecisa. Vamos, lo que en la existencia corriente se suele denominar un capricho de amor.

Se dice que una explosión de alegría sideral es el origen de Fanny y su carácter centrípeto. Se alimenta de la dispersión y el intercambio. A todos sorprende con su generosidad y sería monja si no fuera tan puta. Las serpientes le sonríen cuando entra en un local, pues comparten la misma sabiduría secreta: la seducción es un deber tirano y hermoso.

Alexander nació una tarde de libertad forzosa. Optó por encerrar en un fardo la felicidad futura y entregársela al malo; sólo así pudo salir de la cueva. Desde entonces, cuando tiene que doblar algo lo dobla hacia adentro. De cada pliego, que es una herida, supura un líquido salino que le salva de la muerte. Con el calambrazo su piel se agranda y se hace más basta. Más hermosa.

El universo les trata con amabilidad de anciano, aunque no les perdona la transgresión: Alexander es moreno como el norte y Fanny es rubia como el sur. Quizá esta es la razón por la que sus vivencias no pueden ser contradichas. Su verdad es absoluta como una merienda de niño.


Si por alguna razón llegan hasta nosotros es porque aprendieron a cruzar la tormenta, así que su género y su lenguaje son lluviosos y oscilantes. De ahora en adelante, Fanny y Alexander serán F. y A. Como bien sabe A., algún precio hay que pagar para poder entrar en el mundo.



En la foto son tres, pero es que siempre hay alguien más. Incluso en las despedidas.